Retrato de Carmen Bastián, Mariano Fortuny

Mariano Fortuny y Marsal (1838-1974)

El siglo XIX español es un momento decisivo para el desarrollo de toda una serie de géneros artísticos; desarrollo que se ve condicionado por la pintura española de los siglos precedentes, influencias extranjeras y por las aportaciones de artistas individuales.

El romanticismo, define el movimiento artístico que surgió en la primera mitad del siglo XIX. Los movimientos derivados de este, recibieron los nombres de naturalismo, realismo, impresionismo o postimpresionismo, y se les considera movimientos artísticamente renovadores y en contra de las normas academicistas.

En este ambiente de bullicio se encuentra la figura de Mariano Fortuny, uno de los maestros españoles del siglo XIX. Su primera formación artística la recibió en Barcelona, en la Escuela de la Lonja, donde consiguió una pensión para viajar a Italia en 1857.

Posteriormente, viajó a Marruecos, lo que marcó la plástica y tratamiento de la luz de sus obras. Tras viajar durante un tiempo por Europa y vivir en París, donde realizó trabajos para la reina María Cristina de Borbón, volvió a Marruecos. En este momento el artista se centró en realizar obras al gusto del mercado internacional, realizando pinturas que reflejaban épocas pasadas costumbristas.

Tras su estancia en Andalucía, conoció el gusto por la estética islámica, llevando a cabo algunas obras, referentes a día de hoy, del orientalismo europeo.

Durante la etapa final de su vida, se estableció en Roma, donde gracias a la mayor libertad artística, se entregó al realismo y a la estética de la luz cálida del mediterráneo

Estilo artístico

En cuanto al estilo, Fortuny cultivó varios a lo largo de su vida. Desde el orientalismo, favorecido por sus viajes a Marruecos, donde entró en contacto con el paisaje y el natural, dando paso al naturalismo, la preocupación por la luz y la rápida ejecución. 

En las obras de esta época se ve claramente la predilección del artista por los toques enérgicos del pincel, las pinceladas arrastradas o la textura granulada y arenosa del fondo. Del mismo modo se hace evidente la imprecisión de los contornos y las coloraciones azuladas y verdosas.

Carmen Bastián
Granada, ca. 1871-1872
45 x 62 cm
Óleo sobre lienzo
Museu Nacional d’Art de Catalunya

Fortuny se convierte en una gran influencia en la expansión del realismo y la iluminación mediterránea, clave para el desarrollo de la pintura valenciana, convirtiéndose en un precedente de la estética de Joaquín Sorolla

El artista moderno utiliza el desnudo, culminación del aprendizaje académico, como una forma de reivindicar su independencia ante las normas académicas. Muestra una parte no idealizada del mundo, utilizando el cuerpo humano en su realidad más tangible, oponiéndose a los abstractos cánones de belleza característicos del desnudo clásico.

El retrato de Carmen Bastián va más allá. El desnudo de la joven gitana, ya no es solo el tema principal de la composición, sino que el sexo de la mujer se convierte en el epicentro de la obra. Fortuny nos presenta sin ningún pudor a una joven que levanta sus faldas y observa de reojo al espectador con una mirada más que sugerente.

Podemos ver un precedente en la Olympia de Édouard Manet, pintada diez años atrás, en 1863. Sin embargo, aunque se presenta a la joven totalmente desnuda y mirando fijamente al espectador, esta tapa su pubis como si de una Venus se tratara.

Olympia
1863
Édouard Manet
Museo de Orsay, París

En el retrato de Fortuny nada se esconde, sino que se muestra en su plenitud. La joven descansa, con la falda remangada, sobre un diván sin terminar, que se difumina tímidamente con el fondo. Nos encontramos ante una desnudo que no es fortuito, ni robado, sino lleno de descaro.

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